La pasada reunión de la Mesa LGBT de la Secretaría de Gobierno de Medellín comenzó con una muy grata noticia proveniente de la Gerencia del Centro, en cabeza de Sonia Vásquez. La propuesta de Sonia –quien siempre anda apurada, pero la vemos en todos los foros de Convivencia ciudadana- recoge un viejo anhelo de los amigos y comerciantes de la calle Barbacoas o del “calzoncillo”, en el sentido de intervenir arquitectónicamente el sector.
El tema es de mucho interés, si se entiende que al dignificar los espacios urbanísticos, ello se traduce en un mejoramiento de la calidad de vida de las personas que los habitan y/o frecuentan. La consecuencia más significativa es un mayor grado de integración física, social y formal del sector LGBT a la ciudad y sus habitantes.
En el sector tienen asiento unos 14 bares, cuya operación se ha convertido en un dolor de cabeza para las administraciones de Medellín desde hace unos 30 años. Problemática que, mirada desde la superficie, se traduce en quejas de los vecinos del sector, principalmente habitantes de edificios de apartamentos de estratos medios, debido a la contaminación ambiental por ruido. Queda de fondo el malestar que no deja de producir entre sectores moralizantes de la ciudad la visibilización y dignificación de los sexualmente divergentes, los maricas: Si no se ven, no existen, y si existen, que no se vean, como el hijo “bobo” de una familia bien.
Las visitas técnicas por parte del Área Metropolitana se han hecho, dando como resultado el que algunos comerciantes estén trabajando seriamente en insonorizar los establecimientos de conformidad con la norma de Espacio Público, con la ayuda de expertos.
La propuesta de Sonia, que responde a una iniciativa muy anterior de Humberto Tobón Layos, director ejecutivo del Grupo LGBT, y retomada por Hernando Muñoz en una sesión de la Mesa LGBT de Secretaría de Gobierno, está abierta al debate. El punto clave radica en decidir si se cierra la vía y se adecúa para el disfrute peatonal, o si simplemente se hace un demarcado de bahías para parqueo, se siembran árboles, se plantan luces y se adoquinan calles y andenes.
Peatonalizar la Barbacoas no parece ser una decisión problemática, pues es una calle de escaso tráfico vehicular. La mayoría de los comerciantes coinciden en que sus clientes podrían, eventualmente, aparcar sus vehículos, motos principalmente, en los sectores aledaños, con un servicio de vigilancia contratado por ellos. La Barbacoas sería un bulevar icónico del mundo LGBT paisa, tal como sucede en otras metrópolis del mundo en donde los peatones pueden apropiarse del espacio, sin el temor a ser atropellados por un motorista ebrio.
La contrapropuesta, no cerrar y redecorar, proviene de algunos comerciantes que no están asentados en la mencionada calle, sino en sus cercanías, razón por la cual se sentirían perjudicados en términos de pérdida comercial. Pero no siempre lo que es bueno para unos, lo es menos para otros. Resulta lógico concluir en este caso, que todos salimos ganando por reflejo cuando la administración dignifica el sector y hace de él un espacio, no exclusivamente dedicado a la ingesta de alcohol, sino al “tardeo” (tomar el “algo” por las tardes, sentarse en sus jardineras a mirar languidecer el día). En tal caso, un bulevar peatonal no sería una propuesta economicista, sino un paso adelante para que el colectivo LGBT salga del gueto.
Cuando cerraron la carrera Carabobo al flujo vehicular, muchos vaticinaron la quiebra del sector, pues se perderían clientes ante la dificultad para parquear. Lo cual nunca ocurrió, pues la iniciativa paisa sembró los alrededores con parqueaderos. Nada más delicioso que una caminata matutina bien temprana por allí, o presenciar en las tardes un desfile de modas en una tarima improvisada por los mismos comerciantes, luego de pasar de compras por “El Hueco”. La tendencia actual de Medellín es a peatonalizar, y en ese acercamiento del ciudadano al centro, se estimulan los intercambios interpersonales.
El Grupo LGBT tiene previsto para los próximos días realizar un foro consultivo entre los comerciantes y amigos de la Barbacoas, con el fin de recabar opiniones. Lo cual es una propuesta de gran importancia, toda vez que es la ocasión propicia para que el colectivo LGBT comience a discutir el tipo de ciudad que quiere ayudar a construir. La reflexión apunta a que si bien la ciudad es el producto de las personas, así mismo las personas son configuradas por los espacios en que habitan.
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Soy estudiante de psicología y quisiera realizar una investigación que reuna no solamente los actores y usuarios de la calle barbacoas, sino también de todo el sector comprendido entre la carrera Juan del Corral (Estación Prado) hasta la Avenida Oriental con las calles aledañas, como ciudadano admiro los iconos arquitectonicos que aún se mantienen en pie, la diferencia enmarcada en plano de seguridad, salubridad y protección. Aunque la estetica debe representar para una comunidad como la LGBT un ejemplo de convivencia, creatividad y organización no solo es espacio sino en ideología, urbanismo, respeto y ejemplo.
comentario por mauricio — Agosto 29, 2008 @ 7:10 am