Periódico La Lengua

Visita desde el Centro comunitario LGBT de New York

Centro Comunitario LGBT de N.Y. 
Centro Comunitario LGBT de N.Y.

Por Antonio Mejía

El pasado 27 de agosto, estuvo de visita en la Mesa LGBT de la alcaldía de Medellín el activista colombiano residenciado en Estados Unidos, Andrés Hoyos, quien trabaja en el Centro Comunitario LGBT de New York desde hace 6 años dirigiendo el programa de recuperación de jóvenes adictos. Su visita fue muy ilustrativa, porque en Medellín se están buscando las condiciones para crear un Centro Comunitario similar, guardadas las proporciones, claro. En Bogotá existe el Centro Comunitario LGBT de Chapinero, fundado en octubre del 2006 durante la administración del exalcalde Lucho Garzón.

Andrés nos compartío su experiencia en el Centro Comunitario de N.Y.,  considerado el más grande de la costa este y el segundo en el mundo. Fue fundado en 1983, hace 25 años, y tiene como misión proporcionar un abrigo a las personas y organizaciones LGBT, promover sus manifestaciones culturales y empoderarlas para que alcancen todo su potencial.

Nos contó que el Centro es visitado cada semana por unas 6.000 personas y que sirve de encuentro a más de 300 grupos (para hacerse una idea del tamaño, al Centro de Chapinero lo visitan unas 3.000 personas cada mes)

Entre sus actividades se destacan:

Promover el voto como medio de impactar políticamente en la sociedad.
Visibilizar y legitimar a las familias LGBT.
Adelantar programas de capacitación y formación de los jóvenes,estimulando el surguimiento de nuevos líderes juveniles que trabajen por combatir la homofobia en la escuela.
Asistir a la comunidad en temas de salud, legales, viviendo con VIH y homofobia.
Programas de identidad de género, buscando ayudar a los transgeneristas a descubrirse, mientras construyen comunidad.
Archivo nacional de historia LGBT representado en el arte, exposiciones, investigaciones, publicaciones, etc. Contiene la colección de material LGBT más grande de E.U.

El Centro se financia a través de la venta de algunos servicios, como el alquiler de espacios para reuniones y fiestas, con donaciones y soporte estatal, dependiendo del presidente de turno (el de Bush no ha sido un buen momento para el Centro, porque los recursos económicos se han ido para la guerra, además del velo profundamente moralista que ha caracterizado el credo republicano de su gobierno)

El tema de financiación del Centro está estrechamente relacionado con su independencia o no frente a los gobiernos de turno. En Medellín, por ejemplo, como ya lo fue en Bogotá, se plantea un Centro Comunitario como la implementación y territorialización de la política pública LGBT. Es decir, de entrada, hay un fuerte vínculo y dependencia con la administración municipal.

Pero el Centro Comunitario de N.Y. vió la luz desde la sociedad civil LGBT, motivada por la ausencia de Estado frente al sector, por el surguimiento de la pandemia del SIDA y por la necesidad de materializar en acciones el discurso sobre diversidad, desvinculado ya del movimiento feminista. Claro está, estamos hablando de contextos muy diferentes, más aún, desde el quehacer político de la multiracial población LGBT gringa. Pero en Medellín, como allá, resulta deseable un Centro Comunitario operado por la gente, para la gente, con apoyo gubernamental.

En Bogotá hubo un mestizaje entre la alcaldía y algunas entidades privadas, quienes tomaron el manejo y la viabilidad económica del Centro de Chapinero. En Medellín apenas se está discutiendo el tema, pero es claro que quienes se encarguen de su operación tienen que ser organizaciones financiera y logísticamente muy fuertes, dada la multiplicidad de servicios que deben implementarse, para que tenga impacto social a la vez que viabilidad económica en el tiempo. De entrada, a las organizaciones LGBT paisas existentes hoy les quedaría grande el anillo, pues casi todas  están enfrascadas en discusiones ideológicas y/o personales internas, que las han atomizado.

Bienvenidos sean los esfuerzos de la administración local por poner en marcha esta iniciativa. la visita que en días pasados hizo el Subsecretario de Educación de Cultura Ciudadana de Medellín, Fernando Cortés, al Centro Comunitario de Chapinero, es un paso firme en esa dirección. La presencia de las organizaciones en la Mesa LGBT de la Alcaldía es de una importancia capital, porque éstas pueden enriquecer el proyecto desde su experiencia en el trabajo comunitario. Pero hace falta que se sintonicen con el momento presente.

Para quienes quieran conocer mejor la experiencia del centro Comunitario de N.Y., la página WEB es:
www.gaycenter.org


Consultor para Política Publica LGBT en Medellín.

Continuando con lo de la Mesa técnica LGBT de la Secretaría de Gobierno, el otro proceso que está en marcha es el de la contratación de un Consultor LGBT, quien será el profesional encargado de diseñar la Política Pública para el sector.

El asunto parece gaseoso para todo el mundo. ¿Qué es eso de de un consultor para crear políticas públicas? Para entender cuál es la función del consultor en Política Pública para el sector LGBT, basta con decir que ésta persona debe determinar de qué maneras la administración municipal debe pensar el tema LGBT, cómo se deben elaborar los planes de acción en su beneficio, cómo lograr que dicho colectivo participe activamente en el proceso, a fin de que los planes de acción resultantes impacten positivamente en la comunidad y sean soluciones efectivas a sus problemáticas reales, convirtiéndose en veedores activos para que los recursos estatales sean manejados con transparencia y eficacia.

Esta persona debe ser un profesional con estudios de posgrado en Ciencias sociales o Humanas, no necesariamente gay o lesbiana, con énfasis en procesos de participación ciudadana y con probada sensibilidad frente al tema LGBT.

Fernando Cortés, subsecretario de Educación ciudadana de la Secretaría de Cultura Ciudadana, quien hace parte de la  Mesa LGBT, está haciendo la evaluación de las hojas de vida de candidatos, porque el interés de la Mesa es que para finales de julio haya humo blanco y tengamos al famoso Consultor.

Cabe resaltar el apoyo que la Personería de Medellín quiere darle a todo el proceso, para lo cual está preparando un foro académico sobre el tema de Política Pública LGBT, con invitados nacionales y uno internacional, posiblemente español.

Esta materia es relativamente nueva en Colombia. Aunque ya Bogotá ha avanzado un buen trecho en el diseño de las políticas, para lo cual se hicieron foros y se trajeron invitados, Latinoamérica no es una región que se distinga precisamente por tratar el tema de los homosexuales desde lo público. Hay que hacer algunas excepciones, como son Brasil y Méjico. De ahí que no es exagerado afirmar que el tema es nuevo y complejo, y nos ubica a nivel mundial, como uno de los países con mayores desarrollos en el manejo de la problemática  LGBT, tanto a nivel jurídico como político.

Desafortunadamente no puede decirse lo mismo en relación con el cambio de los imaginarios sociales, porque el closet sigue siendo un estado de elección insuperable para la mayoría de las personas homosexuales, dado el poco trabajo pedagógico que se ha hecho en aceptación de la diversidad de género desde la educación.


LA BARBACOAS, ¿UN BULEVAR GAY?

La pasada reunión de la Mesa LGBT de la Secretaría de Gobierno de Medellín comenzó con una muy grata noticia proveniente de la Gerencia del Centro, en cabeza de Sonia Vásquez. La propuesta de Sonia –quien siempre anda apurada, pero la vemos en todos los foros de Convivencia ciudadana- recoge un viejo anhelo de los amigos y comerciantes de la calle Barbacoas o del “calzoncillo”, en el sentido de intervenir arquitectónicamente el sector.

 

El tema es de mucho interés, si se entiende que al dignificar los espacios urbanísticos, ello se traduce en un mejoramiento de la calidad de vida de las personas que los habitan y/o frecuentan. La consecuencia más significativa es un mayor grado de integración física, social y formal del sector LGBT a la ciudad y sus habitantes.

 

En el sector tienen asiento unos 14 bares, cuya operación se ha convertido en un dolor de cabeza para las administraciones de Medellín desde hace unos 30 años. Problemática que, mirada desde la superficie, se traduce en quejas de los vecinos del sector, principalmente habitantes de edificios de apartamentos de estratos medios, debido a la contaminación ambiental por ruido. Queda de fondo el malestar que no deja de producir entre sectores moralizantes de la ciudad la visibilización y dignificación de los sexualmente divergentes, los maricas: Si no se ven, no existen, y si existen, que no se vean, como el hijo “bobo” de una familia bien.

 

Las visitas técnicas por parte del Área Metropolitana se han hecho, dando como resultado el que algunos comerciantes estén trabajando seriamente en insonorizar los establecimientos de conformidad con la norma de Espacio Público, con la ayuda de expertos.

 

CERRAR O NO CERRAR, HE AHÍ EL DILEMA

La propuesta de Sonia, que responde a una iniciativa muy anterior de Humberto Tobón Layos, director ejecutivo del Grupo LGBT, y retomada por Hernando Muñoz en una sesión de la Mesa LGBT de Secretaría de Gobierno, está abierta al debate. El punto clave radica en decidir si se cierra la vía y se adecúa para el disfrute peatonal, o si simplemente se hace un demarcado de bahías para parqueo, se siembran árboles, se plantan luces  y se adoquinan calles y andenes.

 

Peatonalizar la Barbacoas no parece ser una decisión problemática,  pues es una calle de escaso tráfico vehicular. La mayoría de los comerciantes coinciden en que sus clientes podrían, eventualmente, aparcar sus vehículos, motos principalmente, en los sectores aledaños, con un servicio de vigilancia contratado por ellos. La Barbacoas sería un bulevar icónico del mundo LGBT paisa, tal como sucede en otras metrópolis del mundo en donde los peatones pueden apropiarse del espacio, sin el temor a ser atropellados por un motorista ebrio.

 

La contrapropuesta, no cerrar y redecorar, proviene de algunos comerciantes que no están asentados en la mencionada calle, sino en sus cercanías, razón por la cual se sentirían perjudicados en términos de pérdida comercial. Pero no siempre lo que es bueno para unos, lo es menos para otros. Resulta lógico concluir en este caso, que todos salimos ganando por reflejo cuando la administración dignifica el sector y hace de él un espacio, no exclusivamente dedicado a la ingesta de alcohol, sino al “tardeo” (tomar el “algo” por las tardes, sentarse en sus jardineras a mirar languidecer el día). En tal caso, un bulevar peatonal no sería una propuesta economicista, sino  un paso adelante para que el colectivo LGBT salga del gueto.

 

Cuando cerraron la carrera Carabobo al flujo vehicular, muchos vaticinaron la quiebra del sector, pues se perderían clientes ante la dificultad para parquear. Lo cual nunca ocurrió, pues la iniciativa paisa sembró los alrededores con parqueaderos. Nada más delicioso que una caminata matutina bien temprana por allí, o presenciar en las tardes un desfile de modas en una tarima improvisada por los mismos comerciantes, luego de pasar de compras por “El Hueco”. La tendencia actual de Medellín es a peatonalizar, y en ese acercamiento del ciudadano al centro, se estimulan los intercambios interpersonales.

 

El Grupo LGBT tiene previsto para los próximos días realizar un foro consultivo entre los comerciantes y amigos de la Barbacoas, con el fin de recabar opiniones. Lo cual es una propuesta de gran importancia, toda vez que es la ocasión propicia para que el colectivo LGBT comience a discutir el tipo de ciudad que quiere ayudar a construir. La reflexión apunta a que si bien la ciudad es el producto de las personas, así mismo las personas son configuradas por los espacios en que habitan.


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